jueves, 13 de diciembre de 2012

27 de Septiembre



Fue aquel 27 de septiembre.Te vi en la estación.

Se había iluminado mi alrededor.
El arcén,cargado con una maleta y mi corazón.
La hora punta nublaba el campo de visión:
Tú a un lado,yo observándote tras tus pasos.
Avanzaba con el ritmo y la melodía de tus labios.

El sol no brillaba, no cegaba tanto como lo hacían tus llantos.
"No te despidas este día", murmuré en tus brazos.¿Por qué no lo intentamos?

Tus ojos, lloraban a luz de la noche; tu rostro,imponente,endurecido,magullado por tus cargas,
por el peso de todas tus palabras.
Cada sílaba era un puñal en todo mi ser: un ser que era nada, una nada que no existía.

"Es demasiado complicado.Si pudiera elegir sentir de otra forma,respirar con otros besos.Pero no se puede.
No podemos evitar sentir así, ser diferentes todas las mañanas y ser idiotas el resto de las tardes."

"No somos más que marionetas invisibles, en el juego de nuestras vidas,en el que perdemos más que ganamos, en el que sentimos lo que no debemos sentir."

La fría noche acariciaba tu cara.
Necesitaba tu sonrisa, una pequeña mueca, un atisbo de esperanza que reviviera aquello que dañara.
No querías que te cuidara, ni que nuestros recuerdos los enfrascáramos en uno solo.
Simplemente era no sufrir.¿No es acaso sufrir renunciar a la felicidad?.

"Porque yo soy así,porque no puedo ser de otra manera.Hay cosas que no podemos controlar."

Mano a mano,tocando tu piel,deseé tu sonrisa una vez más, tu felicidad de verdad.
Escogiendo tu camino, tropezando con tus propias piedras:
Nunca te dejaré caer sobre ellas.

"Adiós".

Fría noche de septiembre en la que mis ilusiones se quebraron en trozos.
Se las llevaron los trenes de la estación,despidiéndose de mi vida poco a poco.
Los pasajeros con pañuelos en el aire,con gestos de indecisión.
Los niños jugando como en las calles con toda su aprobación.
Yo sentada sin aliento,comprometiéndome con mi dolor.

Aunque tú te hayas ido, no puedo decir adiós.
Recuerdo tus palabras,las niego en mi corazón.
Sin un atisbo de duda sentí que era mi opción:

Volver cada 27 de septiembre con todo mi dolor al lugar donde siempre se quedó mi corazón.