lunes, 24 de agosto de 2015

Reflexiones (VI)

Debo decir que hay varias esferas cargadas de nitidez, cómo lágrimas colgadas en puentes de goma.
Como si las visiones se tiñeran de mar para llegar mejor a la costa.
Creo en sentimientos encerrados en melodías, en frases que no significan nada y todo a la vez.
Creo en conexiones que recorren puentes colgantes hasta las encías,y terminan por las esquinas.
Creo en la revelación de que un qué oculto es como un párpado que no necesita ser abierto.
La complejidad de ciertos tonos se vislumbra en aromas y humanidad,sombras conjuntadas que se esparcen por las mesas,cafeterías repletas de tazas tintineando por el café de las doce.
El sonido de mil conversaciones que se fusionan en el aire, escribiendo una historia lista para leer.
Es tan fácil que solo se necesita caminar,y entre paso y paso se encuentra la magia en cada instante.Saboreando los vértices de primeras apariciones, de últimas impresiones sin pensar,o de colores esfumados por tergiversar. En ocasiones duele más el roce entre dos imaginarios;el choque de dos piedras sin resonar;el llanto en silencio de un niño que no es capaz de domar las realidades, como objetos puntiagudos sacudiendo el aire que nos golpea.
Se ha dejado tanto en el retrovisor, como si formara parte de la estancia,de un viaje en el que aún se puede uno bajar a repostar, quedarse en una tasca o en un bar a buscar cigarrillos.
Es como un final que no se quiere escribir, porque no se puede marchar. O porque su sitio es cambiar, girar, atravesar todas las respuestas y mantenerse, hasta encontrar ese comienzo.