viernes, 29 de julio de 2016

Destino

Frente a frente,
mejilla con mejilla,
nos miramos a los ojos.

Volamos con los párpados
sintiendo los latidos.

El cerebro apuntando
con la herida abierta.

La sangre recorriendo
los rincones más puros:
Los limpia, luego los seca.

Atraviesa la moralidad:
Las flechas de aquellos
que no apuntan en la diana.

Pero ya está Cupido
disparando en la dirección correcta,
o al contrario:

Fuimos algo inesperado, esos errores que estás tan segura de que no tienen sentido que se convierten en aciertos.

domingo, 29 de mayo de 2016

Una vez el dicho sea el hecho...

Una vez el dicho sea el hecho
y el hecho más sentimiento
de lo esperado.

Será como el amanecer
en un día de verano.

El frío de la noche se duerme.
El rocío inunda la tierra
igual que cuando llueve.

Será uno de aquellos días
que comienzan grises
pero terminan despejados.

Será un diagnóstico crónico
que un buen día se hace
dolencia transitoria.

Será un ocaso que derrite
a los corazones en la nieve.

Será un espacio entre dos calles.
Un paso de cebra iluminado.
Un horizonte cargado de extrañeza.

Una escala de colores nunca inventada antes
que se escondía justo detrás de un arcoiris.

Aquel que se esfumó antes de inmortalizarlo,
de cogerlo entre las manos
y guardarlo para siempre.

Un recuerdo de un momento
que me separara de la muerte:

Inmortalizando
Equiparando
los derroches de los valles.

Las canciones escuchadas antes del ayer.
Porque justo antes se dijo
que esto no habría pasado.
Justo antes del todo,
antes del viento,
antes del tiempo.

Justo antes yo supe
que podía ser eterno
estas ganas de ver
el mundo entero.

Rodearme de paisajes,
escalarme los vientos,
rozarme con el polvo
del desierto,
quemarme con soles
en diferentes horarios.

Guardarme la arena
de playas que no me llevo.

Justo antes quise llevar de la mano
el aire que no había conocido antes.

No había sucedido.

Alguien a quien querría
más cerca que mi sombra,
y que por supuesto la opacara

Alguien que conociera
el contacto de mis yemas
de memoria
o cuántas veces mi mano
se mueve por minuto.

Alguien que diferenciara
mis mil formas de apartar
la mirada.
El por qué doy la espalda a veces
o cierro los ojos.

La misma persona que aplaudiría
mi locura y sensibilidad.

Que la primera se la tomara
con una sonrisa muy abierta,
y la segunda como algo
que poder disfrutar.

Alguien que supiera de memoria
los detalles menos claros,
y viera a través de mis ojos
los finales de las frases.

Algo más que completarme,
algo más que tener los mismos gustos,
aspiraciones, o ganas de vivir.

Quizás la misma manera de ver el mundo.
Quizás la misma manera de sentir lo que nos pasa
es lo que diferencia a quien comparte semblante,
te hace desplantes, pero se queda a vivir.

Quiere morir aquí,
no es una estancia de paso,
no es Cancún,
ni vivir un tiempo acalorado
en mis playas;
bucear atravesando corales,
inspirarme la existencia,
para después expirarla
al regresar a sus casas.

Es quien te llama hogar,
recorriendo hasta mil mares
mucho más bonitos que los tuyos.

Y no se marche aunque no le guardes
el postre después de cenar.

Que siempre vuelva y te regale
el recuerdo de mil ciudades
y las ganas de llevarte a ese lugar.

Las ganas de cogerte el cuerpo y llevarte,
nunca desprenderse de ti.
Aprovechando ese segundo, ese tacto
como el momento más bonito del día,
para apartar la mirada después
por la electricidad
de un calambre directo al corazón.


Sentir como tú las heridas,
y más que tú el daño recibido.
Querer siempre más,
pensar que el tiempo
nunca es suficiente.

Esperar por ti hasta la muerte
viviendo de lleno.
Tener la conciencia de no haber vivido antes,
no al menos plenamente.

Creer en el destino como nunca antes;
que por cientos de caminos que tomes
no te lleven a ninguna parte
que no sea el mismo punto
del que habías partido.

El mismo camino que no tiene retorno.

El mismo del que te quisiste escapar
y ahora es tu salvación.

viernes, 22 de abril de 2016

Una mano

Sólo necesito una mano.
La misma que rozó la mía para calmarme.
La misma que busca en mis brazos
un lugar donde posarse.

Una mano que la veo dibujando en el aire
la sorpresa y la ira,
el dolor y la desidia.

Es una mano.
Sin embargo, me encantaría ser
el ser vivo que se sustenta
por rozarle los dedos
que respira después
de acariciarle la palma.

Como si el suministro de mis arterias
estuviera en su dedo corazón.

Me gustaría trazar carreteras
en su línea de la vida;
borrar sus cruces,
poner estrellas,
transmitir el calor
que la mía quiere
desesperadamente inhalar.

Viviría en esa mano,
hasta en su puño cerrado
cuando el mundo es frustración.

Moriría en un último respiro,
feliz, entrelazando sus dedos.
Sabría que las heridas que tengo
son marcas de sus cutículas en mi espalda.

Es una mano, pero me toca el corazón
sin atravesarme la piel;
sin rozarme el brazo buscando su lugar.

Me toca el corazón.
Me lo cambia de sitio
y juega con el sin cesar.

Es una mano,
pero puedo llamarla hogar.

domingo, 14 de febrero de 2016

Vamos tintineando...

Vamos tintineando
Las campanas anunciando las doce

Somos fuego del fuego
sal de la sal

Patrones reflejados en el agua
convertidos en cristal

Somos transeúntes admirando
señales sin historia

Somos dos números perdidos
de la tabla de multiplicar

Se han ido
Se han marchado
No querían estar con otros

Somos el reflejo del miedo abismal
en un espejo que se hace viejo

Las quemaduras duelen menos
con tu perfume al lado

Duelen menos las heridas
menos las faltas
y aún menos vivir en un mundo incierto

No entiendo que sea gratis
escuchar tu voz

Echarte de menos, cada día más que ayer
Sentir que tengo tu olor aquí

No entiendo que sea gratis
es de valor incalculable para mí

No entiendes que tengo el corazón hipotecado
y en tus manos está el plazo
de este sentimiento que tengo

En tus manos están
las sensaciones que me voy llevando

Las cargo conmigo en un maletín
de recuerdos

Todo el tiempo conmigo

Dejaré la maleta a un lado
si esto no es de recibo
si esto no tiene sentido

Sin ti, la maleta se queda de camino
Sin ti, la maleta no va conmigo

miércoles, 3 de febrero de 2016

Vive hoy y ahora

Siempre estamos acostumbrados a no saber qué pasará, a preocuparnos demasiado por el hoy, por lo que ha pasado y por lo que aún está por llegar. Nunca entendemos que lo que tenemos es el hoy, el mismo hoy que mañana no volveremos a tener. No entendemos que las palabras no significan nada si los hechos no son consecuentes con ellas. No sabemos discernir a veces entre lo que es correcto para nosotros o para el resto. Siempre pensamos que para ser felices hay que pagar un precio, que no es suficiente con serlo y ya está, porque nada en esta vida es gratis. Solamente esperamos a que pase todo, a aquel momento en el que la felicidad se vaya, porque tenemos la certeza de que así será, y mientras desaprovechamos todo lo que estamos viviendo. Tienes momentos que nunca vas a recuperar, vívelos. Tienes cosas que sentir, siéntelas. Porque pensar demasiado nos jode las ganas de vivir, cuando al final todo se reduce a la simpleza de hacer las cosas como uno quiera. Que sí, que consecuencias siempre hay, con todo lo que decidas. Pero maldita sea, quien es capaz de vivir con una soga al cuello día tras día solamente retrasa la agonía de lo que realmente le llegará. Vuela joder, vuela y ya está, porque cuando mueras lo único que te importará es que hayas vivido lo suficiente y de la forma que tú has querido hacerlo. Que quien te quiera volará contigo, y si no que miren cómo vuelas tú.

Una vez conocí a alguien

Una vez conocí a alguien
que era fuerte y segura.
Siempre acababa
consiguiendo sus metas
y se reía más fuerte que nadie.

Por dentro era frágil.
Tenía miedo de los cambios,
incluso de sus propias metas.
Era como una niña en un mundo
que desconocía por completo.

Siempre dejaba la puerta entreabierta.
Dejaba que miraran por la rendija,
pero nunca la abría del todo.

Tenía miedo al ser demasiado frágil.

Era por precaución,
por el riesgo de romperse
o de autodestrucción.

Nunca abrió la puerta,
nunca se rompió.

Tampoco fue feliz.

viernes, 29 de enero de 2016

Nada se acaba...

Nada se acaba sin gritarle al colchón.
Apretando la almohada contra el pecho,
la nariz apoyada en la tela,
el grito sordo y apagado por el blanco.
Ese momento en el que usas todas tus fuerzas,
aprietas el costado,
cruzas las piernas,
abres los dedos de las manos
y los ojos se cierran.
Como se cierran las puertas
de hospitales cerrados
Se sellan
con carteles de prohibido el paso.
Se abandonan,
se dejan ocupando espacio.
Se arruinan, se pierden,
se vuelven inútiles, inservibles.
Como aquel grito sordo,
el llanto que no escucha,
que no vuelve, que no muerde.
Se lo ha tragado la pared,
por eso nunca dice adiós.
No le hace falta,
ya se ha marchado.